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ARTICULO DE MANUEL LOSADA VILLASANTE SOBRE EL TEMA CATALAN
En las circunstancias dolorosas y preocupantes que vive hoy España, todos los españoles −incluidos andaluces, catalanes, gallegos y vascos, por citar sólo a los más inquietos y olvidadizos− debemos considerar que todos formamos parte integrante de Europa y que en la despedida de Jesucristo a sus discípulos en la Última Cena les dio el Mandamiento nuevo del Amor: Que os améis unos a otros como yo os he amado.

Este tema me ha preocupado mucho siempre y le he dedicado repetidamente mi atención. Ajunto algunos de los párrafos que sobre el mismo escribí recientemente, con motivo de la celebración de las bodas de oro de nuestro Instituto de la Universidad Hispalense y del CSIC, para la Presentación de mis Memorias (Recuerdos, Realidades y Esperanzas), editadas por la Universidad Internacional de Andalucía.

24/11/2017.

Nuestro Instituto de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis celebró sus Bodas de Plata el año 1992, cuando ya estaba instalado en la nueva Facultad de Biología, en el edificio verde del Campus de Reina Mercedes. El Prof. Daniel I. Arnon contribuyó a la efeméride con una conferencia magistral y se fotografió con Antonia, mi mujer, y conmigo ante la puerta de entrada, donde constaba por primera vez el nombre del Instituto como Centro Mixto de la Universidad y del Consejo. Mi sueño de haber conseguido la fusión de los departamentos universitarios y del CSIC se había cumplido. Antonia y yo íbamos y veníamos todos los días en bicicleta, movida por la energía solar almacenada en las buenas tostadas del desayuno y de la merienda, desde la avenida República Argentina a la avenida Reina Mercedes por el hermoso paseo de La Palmera. La Universidad ha dado recientemente mi nombre al Aula Magna del vecino edificio rojo.
Las palabras que Arnon pronunció con motivo de su investidura como doctor honoris causa resumen la gestación y evolución de la Bioquímica Vegetal en España, y concretamente en el CIB de Madrid y en el CICIC de Sevilla, desde su inicio con mi estancia en su laboratorio de Berkeley:
My first visit to Spain was in 1956 on the invitation of the late Professor José María Albareda on behalf of the Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Among other activities, this visit stands out in my memory because he introduced me to Manuel Losada, who Professor Albareda hoped would someday develop in Spain research in photosynthesis and plant biochemistry. Dr. Losada became one of my most valuable research associates in California for over three years, one whose experimental and conceptual contributions profoundly advanced our research effort. I am happy but not surprised that his outstanding talent received full recognition upon his return to Spain where he more than fulfilled the hopes placed in him decades ago by Professor Albareda. Had he lived, he would have been proud to celebrate with us this year the 25th anniversary of the Institute of Plant Biochemistry and Photosynthesis, the tangible expression of the new opportunities in Spain for students and investigators, opened by the work of Professor Losada, his colleagues and students.
En la primera mitad del siglo pasado, la ciencia española en su conjunto no había eclosionado todavía con fuerza ni echado a andar con paso seguro. Cajal opinaba que “al carro de la cultura española le faltaba la rueda de la ciencia”, y el preclaro filósofo Ortega, conocedor de los temas de su tiempo, manifestaba su convencimiento de que “la revolución de España consiste en hacer ciencia”. Bien pueden hoy, a comienzos del nuevo siglo, descansar satisfechos y tranquilos don Santiago y don José, pues la sobresaliente labor realizada en nuestra nación, y concretamente en Andalucía y Sevilla, por sus jóvenes e ilusionados sucesores ha demostrado sin lugar a dudas que escucharon atentos sus señales de alerta y pusieron manos a la obra. Los responsables de nuestro desarrollo tienen que ser conscientes de que la ciencia y la técnica son las fuentes más potentes de conocimiento, riqueza, poder y bienestar, pero sin ignorar que lo más importante es el hombre, y todos los andaluces tenemos además que saber que el sol, el agua, el aire y la tierra son también nuestros mayores recursos naturales.
Hay coyunturas felices e importantes en la vida de las personas y de los pueblos que es muy difícil, por no decir imposible, que se repitan nunca más; tal es el insólito entramado de coincidencias que en ellas concurren. El día 21 de junio de 2001 –el mismo día en que comenzó un radiante y caluroso verano sevillano– tuvo lugar una de esas efemérides gloriosas, de excepcional relevancia para la historia de la ciencia y para la confraternidad humana en la capital hispalense. Al inesperado hallazgo del expediente de Severo Ochoa en el Instituto San Isidoro se sumó como novedad la visita de Arthur Kornberg −unido estrechamente a nuestro grupo de “Bioenergética del fosfato” por sus investigaciones sobre los polifosfatos− para pronunciar una conferencia en el CICIC, 81 años después de que su maestro, que estudiaba Bachillerato en Málaga, se examinara esos mismos días del mes de junio de 1920 de las asignaturas de quinto curso en la ciudad del Betis. Ambos científicos, que trabajaron juntos en Nueva York el año 1946, habían compartido el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1959 por investigaciones independientes, aunque convergentes, realizadas en Estados Unidos en laboratorios muy distantes.
Para recordar estos hechos se descubrió un azulejo conmemorativo en el atrio del Instituto San Isidoro, enfrente del texto que resume la enaltecida y elogiada Laus Spaniae del arzobispo hispalense, a la que haré referencia después. La leyenda de la cerámica trianera reza así: Severo Ochoa, premio Nobel de Fisiología o Medicina, estudió en este Instituto el año 1920. Arthur Kornberg, que compartió el premio con él, descubrió esta placa el 21 de junio de 2001. El encadenamiento de una serie de circunstancias imprevistas permitió pues que quedasen de este modo unidas para la posteridad, junto a una de las eminencias más egregias de la historia de Sevilla, dos figuras insignes y universales de la revolución biológica que actualmente vive la humanidad y que marcará ya sin duda su futuro.
Conocí al profesor Arthur Kornberg en Berkeley, durante mi estancia como investigador en la Universidad de California, y desde entonces nuestras relaciones en España y Estados Unidos han sido cada vez más estrechas y cordiales, tanto en el trato humano como en el terreno científico. Arthur fue −junto con Santiago Grisolía− el primer discípulo postdoctoral del profesor Severo Ochoa en Nueva York, recién llegado éste en 1942 a la capital del mundo, donde había de realizar la mayor parte de su brillante carrera docente e investigadora. Mi amistad con A. Kornberg fue especialmente intensa durante la celebración del 70 y 75 cumpleaños de don Severo en España y América, respectivamente, y culminaron en junio de 2001 con su visita a Sevilla.
A. Kornberg, hijo de humildes emigrante judíos centroeuropeos de origen sefardí −su apellido era, antes de que lo cambiara su abuelo, el muy español Cuéllar− fue a trabajar con Ochoa movido por su interés en descubrir los enzimas, o catalizadores biológicos, implicados en la síntesis del fosfato rico en energía, la moneda energética del mundo vivo y uno de los milagros más fascinantes de la vida. Maestro y discípulo buscaron como el Santo Grial de la Bioquímica desvelar este misterio, pero no pudieron lograrlo. A pesar de su frustración en este respecto no cesaron en su heroico empeño, y su olfato de cazadores de enzimas les abrió más tarde otras puertas y les valió el premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1959 por haber descubierto independientemente unos años antes la síntesis enzimática del ácido desoxirribonucleico (Kornberg) y del ácido ribonucleico (Ochoa), las macromoléculas filiformes que almacenan en su seno la información genética.
No es frecuente, sino más bien excepción, que la misma persona, matrimonio o padres e hijos sean galardonados con el premio Nobel. Esta excepción, que se había roto con los Bohr, los Cori, los Curie... se rompió de nuevo el año 2006 con la concesión a Roger Kornberg −que es también profesor de Medicina en la Universidad de Stanford y acompañó a su padre a Estocolmo cuando solo contaba 12 años de edad− del premio Nobel de Química por haber esclarecido a nivel molecular, tras una paciente y hercúlea labor en equipo, la estructura tridimensional y el mecanismo de acción del enzima de levadura que transcribe la información genética contenida en el ácido desoxirribonucleico (ADN). Recordemos que esta maravillosa “molécula de la vida” sirve de molde para su transcripción en ácido ribonucleico (ARN) y su posterior traducción y expresión en proteínas, las macromoléculas estructurales y funcionales de las células.
Todos los ciudadanos del mundo debemos reconocer la singular y portentosa valía del inteligente y esforzado pueblo judío, pueblo de dura cerviz cuya plurinacionalidad también es impresionante: 0,3 por ciento de la población mundial, repartidos por muchas naciones, ha conseguido el 30 por ciento de los premios Nobel. Los judíos sefardíes siempre recuerdan con nostalgia a su amada Sefarad, así como los árabes a Al-Andalus. Este año se conmemora el trigésimo aniversario del “Encuentro interreligioso de oración por la paz”, convocado en Asís por Juan Pablo II, que contó con la asistencia de los líderes de las principales religiones mundiales y donde subrayó que la religión sólo puede ser promotora de la paz y del amor entre los pueblos de la Tierra.
Para conmemorar el setenta aniversario del nacimiento de don Severo, 42 colegas, colaboradores y discípulos le tributamos en 1975 un homenaje de admiración y afecto celebrando durante cuatro días un simposio sobre “Enzymatic Mechanisms in Biosyntesis and Cell Function” en las Universidades de Barcelona y Madrid. Entre los asistentes figuraban los premios Nobel Bloch, Cori, Chain, Khorana, Kornberg, Krebs, Leloir, Lipmann, Lynen y Theorell. Dalí, su antiguo compañero de la Residencia de Estudiantes, se sumó al homenaje pintando un imaginativo dibujo sobre los mensajeros polinucleotídicos de Ochoa para la portada del libro Reflections on Biochemistry que los participantes en el simposio dedicamos al maestro y fue publicado por Pergamon Press en una edición especial limitada de 103 ejemplares, de los que a mí me correspondió el número 14. La colorida contribución pictórica del genial artista gerundense fue acompañada en el texto por una original confesión explicativa de la visión que imaginó durante el sueño que tuvo la noche antes de dibujarla, tan ingeniosa y original que dejó sorprendidos a todos los amigos bioquímicos de Ochoa.
Tras las sesiones científicas en Barcelona, el grupo de bioquímicos que rindió homenaje a Severo Ochoa fue invitado por Salvador Dalí a visitar su Museo en Figueras, después de una comida en la que estuvo acompañado por su inseparable mujer Gala. Dalí tuvo entonces la gentileza no sólo de servir de cicerone de excepción a Ochoa y su séquito sino la de firmar una reproducción seriada de su dibujo para cada uno de los participantes. Yo guardo como oro en paño el ejemplar número 63 que me correspondió. Ya en Madrid, se celebró un coloquio en la sede de la Fundación Juan March sobre “Avances sobre la Bioquímica en España”, y la Editorial Salvat editó el libro Avances de la Bioquímica, en el que 89 bioquímicos españoles dedicamos un sentido homenaje al profesor Severo Ochoa.
Con motivo de haber cumplido los 75 años, los amigos americanos y españoles de Ochoa organizamos en 1980 un simposio de tres días de duración sobre “Frontiers in Molecular Biology” en el Instituto Roche de Nutley, Nueva Jersey, donde él trabajaba todavía a pleno rendimiento después de haberse retirado en 1974 a los 69 años de la Universidad de Nueva York. Por parte española asistimos Francisco Grande Covián, Manuel Losada, Julio R. Villanueva, Margarita Salas y David Vázquez. El banquete en su honor se celebró en el Club de la Universidad de Nueva York y durante la cena tuve la oportunidad, para mí llena de interés y curiosidad, de poder charlar largo y tendido con Juan Negrín, hijo de don Juan y casado con la actriz Rosita Díaz, diez años mayor que él, atractiva, simpática y pequeñita. Don Severo se retiró del Instituto Roche y doña Carmen levantó la casa de Nueva York en 1985, regresando definitivamente al piso que habían comprado en Madrid, donde yo les visitaba, en la calle Miguel Ángel, sede actual de la Fundación “Carmen y Severo Ochoa”.
En el azulejo de enfrente del de Ochoa se puede leer el texto del “Laus Spaniae” del enciclopedista arzobispo sevillano del siglo VII, donde alaba la grandeza de nuestra nación: De todas las tierras cuantas hay desde Occidente hasta la India, tu eres la más hermosa ¡oh sacra Hispania, y madre siempre feliz de príncipes y de pueblos!... Tú eres honor y ornamento del mundo y la más ilustre porción de la Tierra. Natura se mostró pródiga en enriquecerte... Con razón te codició Roma, cabeza del orbe, y, aunque la vencedora fortaleza romana se desposó contigo, después el floreciente pueblo godo, tras victoriosos triunfos, te raptó y amó, y te goza ahora lleno de felicidad... Según el sabio historiador don Ramón Menéndez Pidal, “la autoridad de San Isidoro hizo que el himno natalicio del pueblo hispano-godo quedase entre los connacionales del obispo hispalense como el credo nacionalista profesado durante muchos siglos”. Nunca deben los pueblos hispanos del siglo XXI olvidar la hermosa realidad de su compleja grandeza histórica, ya patente en tiempos de los celtíberos, tartesios, cartagineses, romanos, godos, en los comienzos del Medioevo y a lo largo de toda la Edad Media y sorprendente en el siglo de los Descubrimientos hasta culminar en la España de nuestro tiempo; a veces con dolorosas tragedias, como nuestra Guerra Civil y las muertes causadas por el terrorismo con sus brutales atentados.
Andalucía es, junto con las demás regiones y comunidades, parte integrante de España, nuestra bien fraguada e indisoluble nación, la patria común e indivisible de todos los españoles, una realidad que hemos creado entre todos, venciendo dificultades sin fin, con renovado ánimo y vigor a lo largo de milenios. Como un mosaico bien conseguido y definido, la nación española en su conjunto es mucho más que la mera suma de sus piezas, por lo demás perfectamente diferenciadas y con personalidad e idiosincrasia inconfundibles. Por ello, en estos momentos críticos, en que algunos iluminados y olvidadizos proclaman con necia temeridad y amenazas sangrantes el fraccionamiento y desmembración de nuestra querida España, denigrándola, escarneciéndola e hiriéndola hasta límites que rayan en la paranoia, los españoles de las distintas autonomías debemos reaccionar y luchar juntos contra los nacionalismos disgregantes, estériles y esterilizadores, que son más bien sarampiones infantiles, propios de individuos de mentes raquíticas y horizontes estrechos, carentes de visión histórica y universal.
Al mismo tiempo debemos procurar todos al unísono, con todas nuestras fuerzas y espíritu de autenticidad y solidaridad, respetar, engrandecer y ensalzar cada autonomía en particular y todo el país en su conjunto. Hay que eliminar lo que a España encorseta, oprime y debilita, e incrementar cuanto da vida, enriquece y fortalece a nuestra patria y a sus regiones, sin pretensiones negativas y torpes de uniformizar a una nación tan exuberante en su diversidad, pero cuidando de no privilegiar ni menospreciar a ninguna de sus comunidades autónomas. ¡Que ninguna trate de imponer su ley a las demás, ni ninguna se sienta subestimada! Los biólogos sabemos bien que un organismo vivo superior, como el hombre, sólo marcha bien cuando lo hacen integrados estructural y funcionalmente todos sus órganos bajo la dirección de su cerebro. ¡Y no digamos el Universo! España, con Hispanoamérica, parte de los Estados Unidos y las Filipinas detrás, no es un artificio, sino una admirable, compleja y amplia realidad natural de sanos y solidarios empeños, habitada por un pueblo noble, valeroso y sacrificado, repetidamente entrecruzado y enriquecido, de riquísima biología e historia −alcanzadas con sangre, sudor y lágrimas−, que merece vivir en paz y gracia de Dios su esperanzador y prometedor futuro.
De nuestros mayores y mejores maestros, de los abnegados sabios como los Kornberg, de profundas raíces hispanas, y, en fin, de los hombres que nos precedieron y promovieron con su sacrificio el desarrollo del alucinante globo terráqueo en que vivimos, tenemos que aprender todos sin excepción que la búsqueda de la verdad y la belleza, la práctica del bien, la educación, el respeto, el trabajo honrado y perseverante son nuestras mejores credenciales para vivir felices y en gracia de Dios y pedir que la humanidad nos valore y premie. A la vibrante exclamación nostálgica y alegre de los Kornberg por el Nobel ¡Holy Toledo! debemos también unir los carmonenses, sevillanos, andaluces y españoles nuestra felicitación, conscientes de la gloriosa y fecunda historia de Carmona, Sevilla, Andalucía y España, que no excluye sino que exalta a los pueblos que a lo largo de nuestro abigarrado pasado contribuyeron a la policromía y merecida grandeza de nuestra patria: ¡Laus Spaniae! de San Isidoro y ¡Sepharad y Al-Andalus!, país de ensueño también para nuestros antepasados judíos y moros.
Quisiera hacer unas consideraciones finales sobre Andalucía y España ante una inquietante situación política en la que algunos de nuestros gobernantes parecen ignorar la verdadera historia de las respectivas regiones y de la nación española en su conjunto, --irremediable daño para el presente y futuro de todos los españoles. Andalucía es, con las demás regiones, parte integrante de la bien fraguada e indisoluble nación española, la patria común construida entre todos los españoles sobre sólidos cimientos y mantenida firmemente unida por fortísimos lazos históricos y culturales a lo largo de milenios. Tenemos que pregonar en voz alta y sin descanso, en la sin par y bellísima lengua heredada de nuestros padres, que el complejo y ubérrimo mosaico hispano no es un artificio, sino una admirable realidad natural de nobles y solidarios empeños que nadie debe ni puede romper.
Es curioso y oportuno recordar a los carmonenses y sevillanos −en relación con la presentación que hice del profesor Kornberg antes de su conferencia magistral en el CICIC− la alusión a la veleta de la Giralda en Nueva York que después me hizo en una de sus cartas. En 1925, y como consecuencia de la enorme y constante presión del crecimiento urbano, este universal monumento, la famosa réplica de la Giralda del Madison Square Garden, había sido derribado ¡triste y desolador presagio! La Giralda neoyorquina había sido coronada, a diferencia de la sevillana por el bellísimo y familiar Giraldillo, por una gentil Diana cazadora desnuda que dominaba el cielo del “midtown” de Manhattan y atraía las miradas de los curiosos transeúntes hasta el punto de aumentar escandalosamente la venta de prismáticos.
 
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